El tratamiento dermatológico del acné y sus secuelas ha avanzado significativamente, ofreciendo diversas opciones que combinan terapias médicas y tecnológicas para abordar tanto las lesiones activas como las cicatrices residuales.
Se pueden añadir antibióticos orales como la doxiciclina, siempre combinados con tratamientos tópicos para evitar resistencias bacterianas.
La isotretinoína oral es una opción, pero debe ser prescrita y supervisada por un dermatólogo debido a sus posibles efectos secundarios.
Además del tratamiento farmacológico, es fundamental mantener una rutina de cuidado de la piel que incluya limpieza suave, hidratación adecuada y protección solar diaria. Evitar manipular las lesiones cutáneas también es clave para prevenir cicatrices.
Es importante recordar que el acné es una condición crónica y recurrente. Por lo tanto, es esencial seguir el tratamiento de manera constante y consultar a un dermatólogo para ajustar el enfoque terapéutico según la evolución del caso



